El dogma y la oratoria

Alejandro Castro Guerrero

Archivo Histórico

 

Nos separan cuarenta y tres años de aquel 1982, año recordado, entre otros acontecimientos, por la Guerra de las Malvinas, el Mundo de Fútbol de España, el Premio Nobel de Literatura de Gabriel García Márquez, el lanzamiento de “Thriller” de Michael Jackson, las muertes de Romy Schneider e Ingrid Bergman, y la beatificación de Ángela de la Cruz a cargo de San Juan Pablo II. Demasiado tiempo, o no tanto, como para recordar en detalle aquel I Pregón de la Pura y Limpia Concepción de María. O no tanto, repito… y es que es probable que aún permanezca indeleble el recuerdo de aquel evento en la memoria de los asistentes debido a la singularidad de la apuesta del pregonero por la inventiva de la oratoria.

Presentado por Alfonso Martín Ruiz —por aquel entonces Hermano Mayor de los Dolores de San Juan —, aquel pregón fue ofrecido por nuestro querido hermano el profesor don Antonio Garrido Moraga el siete de diciembre de aquel 1982. La Iglesia de la Concepción fue el escenario de aquel primero de los pregones concepcionistas.

Antonio Garrido Moraga, Licenciado en Filosofía y Letras, Doctor en Filología Española, y Catedrático de Lengua Española y Literatura Española, fue uno de nuestros más insignes hermanos tras la recuperación del culto público de los Viernes Santo. Autor de varios poemarios, también ejerció de Director del Instituto Cervantes de Nueva York y de Director de la Fundación María Zambrano.

Convencido de su pericia con la oratoria, Garrido Moraga se presentó en el atril con siete folios manuscritos y numerados por ambas caras, de la página una a la catorce. El estado de conservación del documento en nuestro Archivo Histórico es bueno. La letra, escrita siempre en mayúscula, es pulcra al inicio, para de inmediato desbaratarse un tanto, a buen seguro por seguir de cerca la inspiración con que fueron redactadas aquellas ideas.

Señalar la particularidad de que todo el texto está salpicado de espacios en blanco, señalados con pertinentes rayas horizontes, tanto más grandes cuanto mayor fuese su necesidad de dejar fluir la improvisación del momento. Ello, a buen seguro, lo convierte en uno de los pregones más singulares de todos cuantos se hayan ofrecido a lo largo de estos cuarenta y tres años.

Comienza el pregonero afirmando que “Hay unas formas del corazón que la razón no entiende”, dando después las gracias al hermano mayor y a la junta de gobierno de la Archicofradía, y admitiendo que podría “errar ante la grandeza del tema a desarrollar”. “¿Cómo expresar con la torpe palabra las más recónditas emociones del espíritu?”, se pregunta unos renglones más abajo, escrúpulo que quedará rápidamente periclitado, pues Garrido es consciente de su habilidad narrativa y de su destreza frente al atril. Tras la presentación, el texto queda dividido en dos partes: una primera, dedicada al dogma concepcionista en general, y una segunda más localista e histórica, que el propio autor titula «Málaga ante la Inmaculada».

Disertando acerca del dogma que es santo y seña de nuestro Pregón, el poeta escribe: “Dios hace nacer a su Hijo de una madre noble, preservándole de la culpa, quiere darle una mujer no manchada por el pecado, impidiendo que Lucifer pudiera reprocharle que había nacido de una madre esclava suya y enemiga de Dios aunque hubiera sido un solo segundo”. Después cita a San Bernardo, San Anselmo y a Santo Tomás, entre otros santos, para suscribir acto seguido todas sus afirmaciones, y así poder aseverar que “en el cielo Cristo se escogió este vaso de elección y para venir a vivir en medio de nosotros santificó este templo de pudor”.

A partir de la página ocho, nuestro hermano hace un sucinto recorrido histórico del culto a la Inmaculada Concepción en Málaga. Habla de la Reconquista, de la fundación en 1495 por religiosas clarisas del convento de María Santísima de la Purísima Concepción, de la cofradía de «La Purísima Concepción de Nuestra Señora” del hospital de Santa Ana, y de otra «Cofradía de la Esclavitud de Nuestra Señora de la Concepción» de la parroquia de los Santos Mártires. También señala el boato de los primeros cultos solemnes celebrados en la Catedral y cómo fueron ganando en prestancia, amén de aceptación entre la monarquía española.

Volviendo al dogma mariano, el poeta afirma que “el pueblo español ha sido el caballero de la Inmaculada Concepción” y que la Madre de Dios “no podía ser inferior en nada a la primera madre de la humanidad y que si Eva fue formada en gracia, María no había de ser concebida en pecado”.

Es más que sugerente imaginar a don Antonio, encendido por la inspiración, colmando cada uno de los espacios en blanco que jalonan su manuscrito con el vuelo de las palabras, la certeza de los sentimientos y el —en la actualidad casi en desuso— ejercicio de la oratoria.

Al final del texto, Garrido Moraga incluye esta poesía:
Dios te salve María Inmaculada, de la gracia de Dios favorecida, y con todo el
poder de Dios creada, y con todo el favor de Dios henchida, y con todo el amor de Dios.
Flor de las flores, adorable encanto, reina del mundo, celestial hechizo, Dios no
pudo hacer más cuando te hizo, yo no sé decir más cuando te canto”.
Tras lo cual se despide con un escueto Muchas gracias.

Pies de foto:

1. Vista del altar del templo conventual de Nuestra Señora de la Concepción, sito en calle Nueva, al inicio del pregón de 1982. Ricardo Ballesteros.

2. Cartel anunciador del I Pregón de la Pura y Limpia Concepción.

3. Don Alfonso Martín Ruiz, Hermano Mayor de los Dolores de San Juan en aquel entonces, en plena presentación del pregonero. Ricardo Ballesteros.

4. Don Antonio Garrido Moraga, consejero de nuestra Archicofradía, autor del I Pregón de la Pura y Limpia Concepción. Ricardo Ballesteros.

5. Parte de la Junta de Gobierno de la Archicofradía de los Dolores de San Juan. Ricardo Ballesteros.