Federico Castellón Serrano
Responsable del Archivo Histórico
Tras la prohibición de enterrar en el interior de los templos, la Archicofradía mantendrá sus prestaciones de sepelio hacia los hermanos a través de empresas de servicios fúnebres. Los primeros documentos del Archivo de los Dolores correspondientes a estas primeras empresas establecidas en la ciudad no aparecen hasta años después que la Archicofradía adquiera un panteón de nichos en el Cementerio de San Miguel en 1834.
Los primeros recibos manuscritos por concepto de caja y camilla para entierro, se emiten por un profesional llamado Antonio Muñoz, hacia 1843. De una década después son las primeras facturas a imprenta correspondientes a Miguel Vilches Álvarez, propietario del titulado Almacén de ataúdes para adultos y párvulos, situado en la carpintería de calle Nosquera número 5, denominación que nos hace deducir la casi todavía inexistente presencia de empresas especializadas en servicios funerarios en la ciudad, que venía a cubrirse parcialmente por una carpintería que fabricaba los ataúdes. El sistema completamente artesanal y “a medida” de estas cajas mortuorias queda patente en una de las facturas de este establecimiento por la caja para una hermana de la Archicofradía que, al parecer debía ser muy voluminosa, ya que necesitó una caja con su correspondiente forro, mucho mayor de lo normal, por lo que la funeraria cobró un extra sobre el precio habitual pactado con la Hermandad. En la factura se hizo constar que “aviendo cido extraordinaria en rason deser el cadáver desporporcionado asido el aumento del presio que tengo paqtado condicha hermandad” (SIC).
Según publicitaba en sus facturas, la primera funeraria establecida en la ciudad sería la de Jesús Nazareno, que estaba ubicada en el número 10 de la calle Nosquera. La empresa era propiedad de Federico Fernández, del que tenemos noticia en 1886 por el proyecto de fundar una filial en Antequera. La empresa vendía ataúdes y camillas, pero también se dedicó al servicio de coches fúnebres, siendo su encargado en 1891 Félix de Bustos.
En el número 14 de la misma calle se encontraba La Funeraria, especializada en la construcción de urnas y ataúdes de madera, metal y cristal, y que además se encargaba de la tramitación de “todas las diligencias que las leyes civiles y religiosas exigen en entierros y funerales, desde los más modestos a los más lujosos”. Idéntica publicidad en cuanto a los trámites ofrecía la funeraria San Cayetano, que tuvo varias ubicaciones: calle Huerto del Conde, calle Mosquera y calle Santa Lucía. Se diferenciaba con respecto a las citadas en ofrecer “caja de hierro galvanizado”, además de incorporar también el zinc en los ataúdes. La factura de esta empresa, que se conserva en el Archivo de la Archicofradía, contempla prácticamente todos los gastos del entierro del hermano Joaquín Gómez González, en febrero de 1892.
En el número 90 de la antigua calle Torrijos, hoy Carreterías, se encontraba La Soledad, regentada por Rafael García, a la que la Archicofradía adquirió ataúdes forrados de bayeta en numerosas ocasiones, la empresa tuvo también una sucursal en calle Comedias, esquina a calle Lazcano. Hacia finales del XIX Rafael García se asocia con Antonio Alfaro, bajo la firma La Soledad. Rafael García y Antonio Alfaro, cambiando de domicilio al Muro de San Julián, esquina a calle Nosquera. Alfaro quedará finalmente como único propietario, tal y como se anunciaba en la fachada del establecimiento, que apreciamos en una antigua fotografía de la fachada de la iglesia de San Julián. Bajo la dirección de esta familia, trabajó como agente Francisco de Asís Cabrera Anaya, destacado cofrade de Fusionadas, Misericordia y Cena, en el primer tercio del siglo XX, al que el negocio no le era ajeno al ser sobrino de Eduardo Anaya Díaz, propietario de la anteriormente mencionada La Funeraria. La familia Alfaro continúa en el negocio de las pompas fúnebres en Málaga, desde hace ya más de 150 años.
Imágenes
- 10.p.20.d.6. Carta de pago de los 24 nichos iniciales adquiridos en el Cementerio de San Miguel, 1834.
- 3.p.1.d.153 Factura por caja forrada de bayeta negra del Almacén de ataúdes de calle Nosquera, 1856.
- 6.p.1.d.25 Funeraria de Jesús Nazareno, factura por una caja de bayeta negra, 1891.
- 6.p.1.d.107 Factura de la funeraria San Cayetano por distintos conceptos de gastos de entierro, 1892.
- 6.p.1.d.466 Factura de la Soledad. Rafael García y Antonio Alfaro, por el entierro de Juan Cansino Antolínez, 1897.
- Vista a la izquierda de San Julián de la funeraria La Soledad, ya propiedad única de Antonio Alfaro.










