RELIQUIA DEL LIGNUM CRUCIS y TERNO DE TISÚ

En cuanto al patrimonio desaparecido tenemos constancia documental de dos importantes piezas donadas durante el siglo XVIII: un terno de tisú y la reliquia del Lignum Crucis[1].

Con respecto a éste, su donante fue Mariana de Austria, nacida en Bruselas en 1641, poco antes de la muerte de su padre el Cardenal-Infante don Fernando, gobernador de los Países Bajos. Con cinco años de edad, Mariana ingresó en las Descalzas Reales de Madrid, donde permaneció hasta su fallecimiento en 1715. Este convento de franciscanas descalzas de Santa Clara, fue fundado en 1559 por la infanta doña Juana, hija de Carlos I, acogiendo desde sus inicios a mujeres de la familia real. Sor Mariana de la Cruz, será una de las últimas Austrias de aquel monasterio, ante el cambio de dinastía producido tras la muerte sin descendencia de Carlos II.

En abril de 1708, de su propia mano y en un papel escrito de su puño y letra, la religiosa entregará dos astillas del Santo Lignum Crucis al obispo de Málaga fray Francisco de San José, según certifica Tomás César Capellán de su Majestad en las Señoras Descalzas Reales[2].

Para albergar la reliquia, el obispo enviará un capellán a Madrid con un relicario acorde al mismo: una Cruz de plata esmaltada de encarnado, la cual va dentro de una caja de lo mismo con dos vidrios cristalinos reviselados[3]. La escritura revela el extremo cuidado en la custodia de la reliquia, certificándose tanto la entrega en mano por sor Mariana al capellán Tomás César, como que es el propio presbítero el que directamente introduce las astillas en la Cruz elaborada al efecto. En la documentación llama la atención la importancia que se concede no solo al Lignum Crucis, sino a su “auténtica”, o conjunto de certificaciones que acreditaban su legitimidad. El testimonio de Tomás César, será a su vez refrendado por Clemente de Bringas, escribano del Rey y de las Reales Fundaciones, emitiéndose una tercera legitimación por parte de Antonio Félix Zondadari, Arzobispo de Damasco y Nuncio apostólico del Pontífice Clemente XI.

El 13 de septiembre de 1709, fray Francisco en nueva escritura[4], con su firma y sello y despachada por su secretario, concede el Lignum Crucis y su “auténtica” a la Sacramental de San Juan, en nombre de su difunto capellán don Dionisio de Cárdenas, que había sido cura de dicha parroquia, especificando que las escrituras que para este efecto se han de otorgar sean a satisfacción de Don Diego de Cárdenas, hermano del fallecido. Fray Francisco establece que el relicario se coloque en la capilla del Santísimo Sacramento y se exponga y manifieste a los fieles en los días de la Santa Cruz y se hagan las ceremonias el Jueves y Viernes Santo.

Sin embargo las escrituras definitivas no se extienden hasta julio de 1732, siendo el otorgante el mencionado Diego de Cárdenas, cura de Alhaurín de la Torre y también capellán de fray Francisco, y actuando como cesionarios los hermanos mayores de la Hermandad Sacramental; Sebastián de Villegas, cura de la parroquia de San Juan, y Jacinto Martínez[5].  En este documento se vuelve a detallar la “auténtica” de la reliquia, que se dona junto a la misma,  para que dicha auténtica original y el referido decreto[6] con la copia de esta escritura se pusiese en el Archivo que dicha hermandad tiene. También se describe el relicario con más detalle: realizado en madera de palosanto, de vara y media aproximadamente de alto, con los remates de plata, y sendas vidrieras en los brazos, con su cerco de oro y esmalte.

Finalmente, se estipulan las condiciones de la cesión, que al parecer fueron fijadas por el difunto obispo: sea obligada dicha hermandad tener en todos tiempos con la decencia y custodia que se requiere celebrando tan admirable reliquia con tres misas cantadas que perpetuamente se han de decir y dicen los días de la Santa Cruz de Mayo, Santa Cruz de Septiembre[7], Jueves y Viernes Santo, por los señores beneficiados de dicha iglesia parroquial. También quedaba previsto el mantenimiento de los cultos referidos, por medio de una manda testamentaria que, desde 1716, había dejado estipulada la madre de los Cárdenas, Doña Cristina de Lara.

            Lamentablemente, no volvemos a tener más noticias documentales sobre la preciada reliquia, que pasó a engrosar la larga lista de patrimonio desaparecido de la Archicofradía. No así su “auténtica”, que siguiendo el mandato de fray Francisco, a través de don Diego de Cárdenas, continua custodiada en el Archivo que dicha Hermandad tiene.

Pocos años más tarde se producirá una donación por parte del matrimonio formado por Juan Carlos Sweerts y Guerrero y su mujer Clara María de Ahumada y Guerrero. Juan Carlos Sweerts, ascendiente del Conde de Guadiana, fue Teniente Coronel de las Milicias de la ciudad[8] y hermano mayor de la Cofradía de la Puente[9]. Por su parte, doña Clara María de Ahumada y Guerrero pertenecía a la nobleza, siendo hermana del Marqués de Montealto y sobrina de José Francisco Guerrero y Chavarino, primer  Conde de Buenavista[10].

La escritura estipula la donación a la Cofradía del Santísimo Sacramento, de la que se declaran cofrades, de un rico terno de tisú, de oro y platta, fondo de color de fuego guarnecido de galón de plata, que se compone de dos dalmascticas (sic), casulla, dos collares, tres manípulos, dos estolas, paño de cáliz, bolza de corporales e hixuela[11], para que fuera estrenado en la inauguración de la Capilla Sacramental, el 30 de junio de 1726, y quedara inventariado y custodiado, de ahí en adelante, junto a los bienes de la Cofradía. Por parte de la Hermandad aceptan el terno sus hermanos mayores, el presbítero Francisco de la Torre, y Jacinto Martínez, rindiendo a dichos señores las devidas gracias, con la aceptación expresa de que en ningún tiempo ni por ninguna causa ni razón que sea por dicha Cofradía ni ottra ninguna persona se pueda prestar ni prestte para ottra ninguna función que no sea de las que dicha Cofradía zelebra o zelebrare en dicha yglecia (sic) de señor San Juan Baptista[12].

 

[1] Dichas piezas fueron estudiadas en profundidad en CASTELLÓN SERRANO, F. Lignum Crucis de San Juan.  Libro de Escrituras de la Cofradía del Santísimo Sacramento de la Parroquia de San Juan Bautista de la ciudad de Málaga. 1622-1732. Estudio Introductoria. Edición facsímil y transcripción. Colección La Saeta. Libros Cofrades nº 10. Málaga, 2010.

[2] A.H.A.D.S.J. Libro 18 fol. 62

[3] A.H.A.D.S.J. Libro 18 fol. 62

[4] Ibid. fol. 61

[5] Ibid. fols. 80-93.

[6] Se refiere al de septiembre de 1709 del obispo fray Francisco de San José.

[7] Hasta hace unos años, existían ambas fiestas en el calendario romano. El 3 de mayo, se celebraba la Invención de la Santa Cruz, que, según la leyenda piadosa, rememoraba el hallazgo de la verdadera Cruz  por Santa Elena. El 14 de septiembre se recordaba la Exaltación de la Cruz, a partir de su recuperación de manos musulmanas y su entrada triunfante en Jerusalén, en manos del emperador Heraclio. La Iglesia fusionó ambas fiestas en la del 14 de septiembre, pero sin eliminar la devoción a “la cruz de mayo”, donde se hallaba establecida y gozaba de tradición.

[8] (A)rchivo (M)unicipal de (M)álaga. Leg. 238. El Padrón de vecinos y parroquias, año 1800. Feligresía de San Juan. fol 3v., al referirse a la calleja de Juan Sweert, cita a su único vecino: Sweert, Regidor perpetuo de esta ciudad. Casado y sin hijos, que por la fecha corresponde a Juan Agustín Sweert. Juan Temboury constata la desaparición de esta calle con la apertura de la actual Calderón de la Barca, ver  Archivo Temboury. San Juan. Notas manuscritas, sobre 510, núm. 67-2b.

[9] Aunque así aparece en las Constituciones de 1724 de dicha Cofradía. CABELLO DÍAZ, M.E. en Hermandad de la Puente del Cedrón y María Santísima de la Paloma. Antología de textos publicados, p. 56, Málaga, 2008, afirma que hay que entender su mención en dicha escritura como Hermano mayor de la Columna, al no volver a constar en los documentos de la Hermandad de la Puente.

[10] RAMOS, A. Descripción genealógica de la casa de Aguayo, p. 33. Málaga, 1781.

[11] A.H.A.D.S.J. Lib. 18 fol. 50.

[12] Ibid. fol. 55v.