Una singular pieza de platería civil del Perú Virreinal propiedad de la Archicofradía

Rafael Sánchez-Lafuente Gémar

Universidad de Málaga

 

En ocasiones los documentos de un archivo, fundamentales para informar sobre la corporación a la que pertenecen, no están redactados sobre papel. Es el caso de nuestra fuente peruana del siglo XVI, en la que en 1753 los mayordomos Pedro Salvago y Juan Francisco Mendiberri hicieron grabar sobre la pieza de plata sus nombres e hicieron constar la pertenencia a la Sacramental de San Juan de esa fabulosa pieza, que en esta entrega nos describe exhaustivamente el profesor Rafael Sánchez-Lafuente Gémar.

 

Una manera (entre otras) de reconocer los valores de ciertos objetos, sean esos de naturaleza funcional, formal o simbólica, es mostrarlos públicamente en un museo o una exposición temporal. En esta ocasión el “documento del mes” lo dedicamos a tratar de una obra del patrimonio de la Iglesia de Málaga, propiedad de la Archicofradía que, debido a su notoria singularidad, ha sido motivo de préstamo en distintas ocasiones a lo largo de las últimas décadas para exhibirla en exposiciones tanto nacionales como internacionales[1]. Nos referimos a una fuente –no bandeja– de plata de 40 cm de diámetro y 1.600 gramos de peso[2], que estuvo depositada y expuesta en el Museo de la Semana Santa de nuestra ciudad y ahora se guarda en la Casa Hermandad [1a].

Una primera razón del interés que la pieza ha suscitado entre los investigadores y estudiosos se debe a la marca (también punzón) de platería que figura impresa en su reverso –repetida tres veces, aunque incompleta– y que representa el escudo de España con dos castillos y dos leones, y orla circular de granetes [1b]. No es una marca común, pues durante la Edad Moderna fueron más habituales las que representan el escudo o el nombre (abreviado, por lo general) de la ciudad donde la obra fue examinada para comprobar su ley y garantizar, por este medio, que la plata utilizada en su manufactura tuviera el grado de pureza exigido por la legislación. No se trata por tanto de una marca de ley, sino una de tipo fiscal denominada de “cuño monetario”, empleada muy probablemente en la Casa de la Moneda de Lima o en la de la ciudad minera de Potosí[3] –ambas en el antiguo Virreinato del Perú– durante el reinado de Felipe II (pero solo a partir de 1571[4] y hasta su muerte en 1598), y que, puesta por los oficiales de la Real Hacienda, es indicativa de haber satisfecho el pago del “quinto real” (impuesto establecido en 1504 de la quinta parte que correspondía al rey sobre la extracción de metales preciosos al igual que sobre la plata labrada por los orfebres). Ahora bien, la particularidad más notable de esta marca del quinto real de tipo monetario se debe al reducido número de ejemplares de la platería virreinal en que aparece y a su no menos extraña, por rara, morfología si la comparamos con la más conocida y usual del impuesto con la imagen de la corona real utilizada en otros territorios de la América española (Esteras, 2000 : 30-39)

 

La marca descrita no es el único argumento para vincular esta pieza a la platería peruana. Su forma circular y fondo gallonado son característicos de la platería hispánica del primer Renacimiento –con especial desarrollo en Castilla–, así como también los adornos de roleos, figuras de animales de aspecto monstruoso y medallones con bustos masculinos y femeninos que adornan su orilla y asiento central, pero su hechura es inequívocamente de la América colonial, aunque realizada seguramente –por la relación de su decoración con los repertorios grutescos europeos– por algún artífice español establecido en el Virreinato. De hecho, los ejemplares más parecidos a esta fuente de la Archicofradía van quintadas en Perú, alguna incluso, como la perteneciente a la catedral de Zaragoza [2], con más que evidentes analogías formales con la malagueña, salvo en su mayor riqueza decorativa –desplegada por toda la superficie de la pieza con un claro sentido de horror vacui– y por una más que esmerada labor de cincelado, propia de un gran artífice [3]. Cercanas igualmente a la de San Juan están la fuente de la iglesia evangélica de San Nicolás, en Siegen, Alemania, [4] y un fragmento de plato recuperado del galeón Nuestra Señora de Atocha, de la Flota de Indias, hundido en un huracán frente a las costas de Florida en 1622 [5]. Ambas cuentan con fondo de gallones cóncavos, pero a diferencia de aquéllas estas introducen en el borde temas claramente andinos. En la primera se representan campesinos vestidos con trajes locales y animales autóctonos del Altiplano (llamas, entre ellos) junto a fantasías grutescas de tradición europea –en un claro ejemplo de sincretismo cultural–, mientras que el plato se adorna únicamente con figuras de indígenas entre edificios, animales y árboles de la región. A la vista de todo lo anterior queda solo precisar algo más la cronología de nuestra fuente que, tanto por el tipo de marca que lleva como por su ornamento, debió realizarse entre 1575 y 1585, y más probablemente en un obrador de Lima (también el ejemplar de Zaragoza) que en uno de Potosí, a cuyos talleres se atribuyen, por el contrario, los otros dos ejemplares –algo más tardíos– por la semejanza de su lenguaje figurativo con el que aparece en los keros[5] de época colonial pintados por artesanos nativos (Esteras, 2004, pp. 208-211).

Respecto al motivo de la llegada de la fuente a la iglesia de San Juan, sabemos por la inscripción dispuesta en el borde del reverso[6] que fue adquirida en 1753 –seguramente en almoneda pública[7]– por la Archicofradía Sacramental de la parroquia (en esta fecha se añadiría el escudo con la custodia que lleva grabada en el asiento central), siendo hermanos mayores Pedro Salvago –quizá Pedro Salvago Méndez de Sotomayor, que testa en Málaga el 3 de septiembre de 1798– y Juan Francisco Mendiberri. Unas décadas después, con la agregación en 1801 de la Hermandad de los Dolores a la Sacramental, la fuente, junto a otras piezas asimismo de plata, pasa a sumarse al ajuar que conservaba entonces la Hermandad de penitencia para el culto y procesión de la Virgen.  

Cabe señalar, no obstante, que las fuentes no tuvieron en su origen un uso religioso, sino civil y doméstico. Formaban parte del servicio de aseo en las viviendas de las gentes de alta posición social y económica, y eran conocidas como “fuentes de aguamanos” por utilizarse en el ritual en torno al lavado de manos antes y después de las comidas, una consideración práctica en una época de platos compartidos y pocos utensilios. Además, el acto en sí no era únicamente una señal de buenos modales, sino también una ocasión para que el anfitrión mostrase su riqueza en plata labrada y causar así la mejor impresión a sus comensales. Las fuentes solían ir acompañadas de un jarro a juego (“jarro aguamanil”) destinado a verter el agua en las manos sobre el recipiente, de ahí que el ejemplar que comentamos cuente –como la mayoría– con un asiento central elevado para encajar el jarro, aunque son muy pocos los juegos completos que se conservan, solo una u otra pieza.

Del uso litúrgico que le diera la Cofradía Sacramental, el más probable es que se utilizara de manera similar, al menos en su aspecto formal, al que tenía en el ámbito doméstico: para el lavado de manos que el sacerdote efectúa en la misa tras el ofertorio, aunque no hay que descartar, dada la versatilidad funcional de los objetos, que se empleara para otros fines e incluso también como adorno, junto a otras piezas de plata, en un altar de gradillas en la festividad del Corpus Christi o en otras ceremonias solemnes[8]; menos probable es que sirviera como fuente limosnera, dado su peso y porque para este fin eran más comunes y manejables las demandas o “bacías” para pedir limosna (así se las conocía en Málaga en el siglo XVII) labradas en plata.

En definitiva, una pieza de especial interés que suma, a los aspectos ya destacados, el que se la considere, además, uno de los ejemplares más antiguos conocidos  –junto a la fuente de la catedral de Zaragoza– del arte de la platería del Virreinato de Perú, el cual tuvo un extraordinario desarrollo y alcanzó un altísimo nivel de calidad a partir del tercer cuarto del siglo XVI, debido principalmente al descubrimiento en 1545 de la inmensa riqueza argentífera de las minas del Cerro Rico de Potosí. Era tal la abundancia de plata[9] y lo común de la presencia de objetos labrados en este metal en templos y casonas señoriales, que se decía entonces que la plata era “en [esta] tierra materia ordinaria y soez”, prefiriéndose en su lugar para ciertos objetos suntuarios muy ricos otros materiales más exóticos como el carey, nácar, marfil y otros.   

 

 

Bibliografía

ESTERAS MARTÍN, Cristina (1999). “El oro y la plata americanos, del valor económico a la expresión artística”. En AA.VV. El oro y la plata de las Indias en la época de los Austrias (catálogo de la exposición). Fundación ICO, Madrid, pp. 393-424.

ESTERAS MARTÍN, Cristina (2000). “Más interrogantes sobre el marcaje de la platería americana. Los cuños monetarios”. Anales del Museo de América, 8, 2000, pp. 29-43.

ESTERAS MARTÍN, Cristina (2004). “Acculturation and Innovation in Peruvian Viceregal Silverwork”. En AA.VV. The Colonial Andes. Tapestries and Silverwork. 1530-1830 (catálogo de la exposición). Metropolitan Museum of Art, New York, NY, 2004, pp. 208-211.

CASTELLÓN SERRANO, Federico (2013). “Los objetos y enseres históricos y desaparecidos”. En AA. VV. Archicofradía Sacramental de los Dolores. Historia y Patrimonio. Málaga, 2013, pp. 487-511,

SÁNCHEZ-LAFUENTE GÉMAR, Rafael (1997). El arte de la platería en Málaga. 1550-1800. Universidad de Málaga y Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Málaga, p. 179.

SÁNCHEZ-LAFUENTE GÉMAR, Rafael (1998). “Fuente”, en El Esplendor de la Memoria. El Arte de la Iglesia de Málaga (catálogo de la exposición). Universidad de Málaga y Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Sevilla, p. 139.

 

Notas 

[1] El Esplendor de la Memoria. El Arte de la Iglesia de Málaga (Málaga, 1998); El oro y la plata de las Indias en la época de los Austrias (Madrid, 1999); Perú, indígena y virreinal (Barcelona-Madrid-Washington 2004-2005); The Arts in Latin America. 1492-1820 (Philadelfia, 206); Málaga Moderna. Siglos XVI, XVII y XVIII (Málaga, 2011); Desde América del Sur. Arte Virreinal en Andalucía (Santa Fe, Granada), 2017.

[2] Equivalente aproximadamente a 7 marcos del antiguo patrón de peso para metales de Castilla.

[3] La primera se fundó en 1565 y la segunda diez años después.

[4] Hasta esta fecha estuvieron en circulación las monedas de los reyes Juana y Carlos.

[5] Recipientes ceremoniales utilizados por los incas para beber chicha, nombre este que se refiere a diferentes tipos de bebidas alcohólicas hechas de maíz fermentado y otros granos, frutos y plantas.

[6] “Es de la Cofradía del S. Smo. de la Parroquia del Sr. S. Juan y se compró por Dn. Pedro Salbago y Juan Franco. Mendiberri siendo hermanos maiores. Año de 1753”.

[7] Las fuentes de formato circular dejan de utilizarse a lo largo del siglo XVIII en que comienzan a ser sustituidas por las palanganas o jofainas de planta ovalada y perfil ondulado de origen francés. Pasada entonces de moda, quizá por ello su propietario/a se desprendiera de ella.

[8] De hecho, en la actualidad se utiliza para decorar el Monumento Eucarístico que la Archicofradía continúa montando en la parroquia.

[9] Entre 1570 y 1650 solamente Potosí produjo más de la mitad de la plata del mundo.

Ilustraciones

1a. Fuente. Archicofradía Sacramental de los Dolores. Iglesia parroquial de San Juan, Málaga. ¿Lima? 1575-1585.

1b. Marca del “quinto fiscal”. Fuente de la Archicofradía de San Juan, Málaga.

2.    Fuente. Museo Capitular de la Seo, Zaragoza ¿Lima? 1575-1585.

3.    Detalle de la fuente de la iglesia de San Juan (arriba) y de la fuente de Zaragoza (abajo).

4.    Fuente Iglesia Evangélica de San Nicolás, Siegen, Alemania ¿Potosí?1586.

5.   Plato. Procedente del galeón Ntra. Sra. de Atocha. Mel Fisher Maritime Museum, Key West, Florida ¿Potosí?  Hacia 1622.